El sujeto, si es que debe ser algo, es reflexivo en tanto que idéntico a sí mismo, e idéntico a sí mismo en tanto que reflexivo. Porque hay espejo el sujeto se sabe idéntico a sí, y porque se sabe idéntico a sí mismo hay espejo. Sin desdoblamiento de sí en sí mismo y sí mismo de sí, no hay sí mismo, sin sí mismo, no hay sujeto de sí mismo. El sujeto está atrapado en sí, en sus condiciones de identidad y reflexividad, condiciones que son reflexivas e idénticas ellas mismas y condición de toda reflexividad e identidad posibles. El sujeto se requiere cerrado en sí. Pero el sujeto es a su vez uno de los polos de una relación, relación en la que se repite el juego que se produce en el interior del sujeto, pero con el objeto como extremo del desdoblamiento y con la diferencia y la opacidad como condiciones. Condiciones y extremos, puesto que abiertos, desdoblados y remitidos, interiores y exteriores al tiempo, diferentes e idénticos, diferenciados e indiferenciados, no pueden ser fundados desde sí mismos; el fundamento es solicitado. El fundamento no puede ser otro que Dios, pero si Dios está muerto no quedaría nada con lo que fundar, luego el sujeto también se nos caería.
¿Y si el sujeto no fuese ni reflexivo ni idéntico? ¿Y si no hubiera necesidad de espejo? ¿Y si tampoco fuese necesario hipostasiar el movimiento interno hacia el exterior, en el extremo y hacia el objeto? ¿Y si multiplicidades reemergentes y con la diferencia en sí como sí mismo fuesen igualmente insuficientes? ¿Y si la reflexividad y la identidad, o la opacidad y la diferencia no fuesen más que dogmas, y no el sujeto?
This entry was posted
on martes 12 de junio de 2007
at martes, junio 12, 2007
and is filed under
Caos/ Cosmos
. You can follow any responses to this entry through the
comments feed
.
