Y aquello que puede ser localizado, si es que esa posibilidad ha de formar parte de su ser, debería ser siempre ya localizable como tal, con esa propiedad como siempre formando parte de sí; no cabe localización de algo que no pueda ser localizable, como es notorio de por sí, pero tampoco mutación de contrarios: desvinculada del propio fundamento justamente por la tenaza inseparable e irreversible de su mutua vinculación, la localización no podría apelar a un fundamento externo de sí -condición para la mutua interrelación- que le sirviera como criterio propio ante realidades cambiantes; o lo dado como localizable es dado siempre ya como tal, o deberíamos considerar entonces la localización como extravío simple.
Toda topografía podría ser absoluta. Tomada desde sí misma, la localización, de camino a su establecimiento, accedería desde un espacio previo al espacio mismo, esto es, desde la condición que permitiría la apertura desde la cual el espacio accedería, constituyéndose en su acceder. Así pues, en tanto la localización, de algún modo, se presupondría siempre a sí misma como condición previa para poder ser en su modo particular, locativo, sería el caso que llevaría el fundamento de sí previo a sí misma pero arrastrándolo en sí misma, indistinguible de sí. Es obvio que, si no puede ser distinguido de ella, luego su fundamento no podría ser determinado fuera de la localización misma.
"A despecho de la experiencia que bordea, no se puede sino seguir siendo. Los lazos son siempre ténues, prestos a soltarse hacia cualquiera de los lados, pero, mientras se mantengan, lo cósico ocupará los centros, las agrupaciones de flujos de haces. Y en el regreso se nos ata de nuevo, con olvido, atenuación, centramiento, demanda... El entorno cabalga con una prestancia tanto mayor cuanto ni siquiera la experiencia que bordea, el máximo experimentar, deja de depender de su trote de fondo."
Aunque los movimientos de constitución tengan en el espejo una de sus figuras, aunque en los acoplamientos dentro de la placenta relacional el fluido solidificado se dedique a recibir y emitir reflejos con un encargo, aunque un foco relevante de puntos se constituya como Mismo en los flujos de haces, no por ello podremos considerar clausurada armónicamente -cósmicamente- la constitución misma, dentro de su relación consigo, como Sí Mismo. Antes bien, el espejo puede ser membrana, lugar de paso, incluso sin que aparezca una figura ostensiva como el atravesar hacia un Afuera; la imagen puede revelarse, de manera sutil, como ligeramente alterada, no del todo coincidente, con presencia del fallo; puede ser suficiente ese mínimo para dar la pista, el indicio que avise de la blandura del cierre.
Caos/ Cosmos 16. Amaneceres sobre una chatarrería, al fondo campo llano e interminable.
Posted by Ojos de Lechuza in Caos/ Cosmos
El amanecer tiene un sonido peculiar, Febo tiene su propia banda sonora: un sostenido de fondo, semicorcheas crepitantes y casi inaudibles... algunas notas se destacan... Y la luz no es igual, ni todas las veces ni en todos los sitios: cada vez una única vez. El rato y el sitio puntean distinto. El cuerpo responde a la promesa del inicio, cada vez una única vez. En el sitio abigarrado, gris, oscuro y filtrado, o en el sitio abierto, luminoso, vertiginoso, en el rato apresurado y lleno o en el estirado y calmo, crecen las espirales y cada vez una única vez puntean distinto.
Hacia el centro, contracción, hacia el borde, extensión. Si por lo menos hubiera base y salvoconductos... Arena al viento, momento de echar la pota y rogar por tener lugar discreto donde amarrar.
Estirando de la piel hasta volverla del revés, poniéndome los órganos por fuera y esperando que si se me caen nadie me los pise. Un riñón lleno de polvo, el higadito con papelillos pegados por fuera, un corazón que, de pegar saltitos en su caja, hierve de ganas de salir a ver mundo... los demás, por el estilo y tal... Cómo cuesta de mantener todo unido, cuántas salidas en falso movidas con algo de tic tac. Mi cuerpo es una pasta gelatinosa rellena de andamios, aguantada con una sábana y unas tirillas. Y qué ganas de rasgarse que tiene la sábana, qué ganas de romperse las tirillas, qué ganas de pudrirse que tiene la pasta dichosa, qué ganas de que le dé el aire a los andamios. Pues estiro de la piel hasta volverla del revés, poniéndome los órganos por fuera y esperando que si se me caen nadie me los pise.
Capullos, milipunteados, cópulas, hiperostensividad: aftermath.
Posted by Ojos de Lechuza in Infrecuencias
"La carne quedó algo inerte, pidiendo estímulos algo más golpeantes; pero desprendidos, inimplicables. Una noche de tantas, sin más pistas que: cansancio y algo de retardo y picazón, de nuevo: el silencio se incorpora y estira del sitio, el rato se desencaja y lo pautado se descentra: ya no es nuevo, no lo esperaba, con todo, tan pronto. Ahora bien, esta vez no para en ese sacar fuera estando dentro, sino que retira una patita del dentro y deja otear fuera: capullos milipunteados más reales que lo real, un campo pleno de ellos porque no solamente lo llena sino lo plenifica: cópula indisociable entre el espacio y la cosa, lo contenido y su contenedor, y entre eso así y el quién, de tal modo que ya no hay polos, sino una masa milipunteada, subdividida hasta lo infinitesimal y así y todo copulada y una, meridiana e hiperostensiva."
"El sueño ha hablado con voz muda, y las instrucciones han aparecido, sin más. Al levantarme de la cama, no es solamente mi cuerpo lo que recorre el espacio de mi habitación (hacia el pasillo, luego hacia la cocina, de vuelta al pasillo...), gastando el tiempo que, por lo demás, no parece trascurrir como debiera (tampoco las distancias, ni el proceso de desplazamiento, que padece elipsis, discontinuidades), sino que la usual materia delimitada por la piel y mucosas y acompañada por una percepción espaciotemporal que percibe desde un punto fijo y en sucesión lineal las cuatro dimensiones usuales está forzada, presionada por [algo], que no sabría decir si es otra materia, o bien potencia mental o espiritual, siquiera si algo de esto se le aplica, y que se [expande] y [contrae] dejando inalteradas las dimensiones espaciotemporales, [golpeando], como pugnando por salir, mi frente, y dejando que [algo] invisible se vierta desde las manos..."
Lugar del agujero, la cueva, la matriz, la abertura, el resquicio, la hendidura, la herida. Y del monte, el fruto, la roca, el seno, el manantial. La anfinoia de la de blancos brazos.
Desplegado sobre ambos lados del pliegue se revela la anfinoia: simetría, por un lado, asimetría, por el otro. El despliegue parecería realizarse sin pérdida: vida y muerte en el cosmos, vida y muerte en el caos. Pero, al verterse el concepto, vida y muerte son no sólo símbolos sino, a su vez, algo irreductible al concepto y al símbolo. No hay simplemente "energía" -lo físico, cualesquiera nombre tuviera-, de un lado, y "conciencia" -lo mental, cualesquiera nombre tuviese-, del otro; ni siquiera un tercero, lo espiritual, lo trascendental, como quiera que entendido pudiera ser esto, puede añadirse sin más y completar todos los términos posibles... O, mejor, de este modo justamente podría completarse todo aquello que es susceptible de ser "completado"; caos, cosmos. Simbolizando, hipostasiando; se agotan las posibilidades en el paso. Y, sin embargo, sólo uno de los lados de la anfinoia ha sido tocado. Vueltos sobre sí, los lugares del principio, tan iguales, y sin embargo, del otro lado...
Siguiendo las escaleras de caracol, canutos desenrollados sobre el plano, o hacia arriba, o hacia abajo, pueden determinarse pautas, patrones, sucesiones catalogables, racionalizables, subsumibles. Pero, ¿en qué dimensiones? Cuestan de fijar... El tiempo nos las mueve, nos las cambia; a no ser que contemplemos sub specie aeternitatis, y entonces, ¿cómo ajustar la visión? Pero no es sólo el tiempo, o la perspectiva... Las escaleras, los canutos, tienen vida propia, las pautas, patrones, sucesiones, de sus escaleras y canutos dependientes, se pliegan y despliegan al son epiléptico en el que ni sabemos si se dicta o se deja de dictar, ni adónde dirigimos el saber, ni si es que "saber" tiene nada que ver [ahí]. Claro que fijamos caminos, y echamos las miguitas de pan, y hasta podemos adivinar que los pájaros van a comérselas. Pero desdoblado, vuelto sobre sí, todo es tan igual, y sin embargo, tan diferente... Nada cambia, eso es... Pero... Me dí de morros, son epiléptico, desconexión convulsiva...
Puede ser poner en marcha, aplicar energías que consigan que el mecanismo no se detenga, o vuelva a funcionar. O continuar con una charla, las más de las veces, cansina, pesada o delirante. O alargar distancias, permitir que el cabo pueda extenderse a mayor longitud respecto del origen. U ofrecer el objeto.
Damos cuerda a los relojes, a los pesados, a los peces que pican en la caña de pescar, a los que necesitan algo con lo que atar. ¿Son los mismos actos, los mismos objetos? No, claro. Pero lo decimos igual. El lenguaje es la auténtica carne de psiquiátrico, el eviscerador que destripa y luego recose ochos con ochentas, velocidad y tocino, el cirujano del caos, el matarife de esencias. La pulcritud del demente, lo soez del matemático, la belleza del airado, lo inefable del científico, lo delirante del amante; al lenguaje le debemos, démosle cuerda, que éste nos dé.
Toda topografía es relativa. Dónde, desde dónde, hacia dónde, por dónde... implicando, además -el además mismo- transcurrir. El lugar, que haya lugar, que haya mismo; la multiplicación de factores, elementos, la necesaria reconducción a unidades parciales, o a pretendidas unidades omnicomprensivas -que tendrán que desvelarse vacías, presencias elusivas, nadas, negatividades absolutas...-; topografiar entes y transformarlos en valores -entes, a su vez-, es condena y gracia, castigo y libertad, y lo indecidible entre, indecidible hasta el punto de ser indecidible si es indecidible, y así sucesivamente; espirales deslocalizadoras, maëlstrom vertiginoso con puntos de agarre y latigazos que sueltan.
Todo está lleno de agujeros, huecos, cavidades, madrigueras, túneles, aberturas, cuevas, oquedades, vacíos, despensas, cobijos, minas, subterráneos, pozos, brechas... el útero y la fosa, ¿cuál es el lugar de la matriz? El lugar del cielo abierto, la llanura, la planicie marina, el desierto sin dunas. No hay refugio sin lugar expuesto, ni vuelta al hogar sin camino para recorrer, no hay cura sin herida ni héroes sin aventuras.
El aire asfixia, el sol congela, la tierra se hunde bajo nuestros pies; el sendero recto empuja hacia los cardos que crecen en los costados. El espacio se curva; caminamos sobre vórtices desenrollados que se pliegan y despliegan sobre sí, arrojando y atrayendo piedras, plantas y animalitos, cabecita loca, bofetón y espabila, siempre fui así, mi piel es mi armadura, mis ojos se tuercen, elevé y no caí, algo me espera allá afuera...
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