Espirales 12. Saltos invertidos.  

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Al sueño temo, mi carne piensa, el alma pesa, sigo muerto, nunca viviré, alcancé mi origen, crezco. Gotas oscuras bañan el cielo donde se refleja (...) salto que (...) precisamente esta mañana.

Pueden explorarse los terrenos tanto de la inversión como de la paradoja, de la negación, la contradicción, el enigma o el misterio, la pregunta o la génesis; puede volverse aún todo sobre sí y explorar la exploración misma (no podría hacerse la exploración de otro modo, pues siempre ya se está justamente en ese grado de reflexividad, como mínimo, cuando se interna la exploración por esos terrenos; aun en cualquier terreno siempre podría preguntarse si no es justamente ese el grado, si no otra cosa, ideal -desde la perspectiva del plano, alcanzada la idea de perspectiva sobre plano, movimiento que se juega igualmente en reflexividades y que es ejemplo de lo que demuestra a su vez- que se alcanza siempre, que es condición de sí y de lo que sirve sobre sí), incluso pueden darse esos saltos que sirven para salirse del camino por el que todo parecería conducirse según los cursos regulares y descubrir tras los lindes claros o espesuras que no pueden ser regresados; la aventura se pierde por esos lugares y, exitosa o no, queda fuera de los registros; los huecos que deja, sin embargo, no dejan de tener, puede reconocerse, su relevancia.

Puede invertirse todavía ese salto, en un sentido de "invertir" que ya ha dejado no ya de ser lo que era, sino (...)

Caos/ Cosmos 20. Pérdida en la ocupación.  

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Y es consecuencia desprendida que, al reflotar, respira siempre un aire nuevo y extraño, la que se admira y pretende admiración y para fundirse se resiste a deshacerse y se deshace cuando no se funde: se ocupa en las cosas resistiéndose y se desocupa dejándose ir. Yendo a las cosas se niega a ir-en-otro, se evade de ellas y de sí al fundirse en ellas y en sí, y pese a la incomodidad y el dolor que este quebradero genera, suspira por las cosas y por que ellas lo hagan en ella. En la ocupación halla la pérdida de lo que quiere y con ella la de sí; en el vacío encuentra todo. Ve también las posibilidades de un giro sutil.

A ver esas manos.  

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¿Por qué las afirmaciones tienen que ser tan, pero tan categóricas? ¿Por qué han de excluir forzosamente alguna otra opción? ¿Por qué toda positividad genera automáticamente un contrario a su medida, tanto más temible y poderoso cuanto más ambiciosa aquella? ¿Se conformaría una pregunta con serlo? ¿Puede una pregunta ser sólo una pregunta, o siempre es, ha de ser, una forma más o menos embozada de ofrecer una respuesta? ¿Es demasiada ingenuidad?

La actualización no deja de ser previa a su potencialidad cuando el espacio no funciona más que como metáfora del submundo (tampoco es que esté por debajo, más bien en los cruces, esperando en un tiempo metafórico a su vez, en metáforas que están más allá de toda regla de similitud o [podríamos decir "y", conjunción o copulación tienen ese mismo nulo valor, esa misma carencia de funcionamiento] diferencia); esto es, en las trampas reversibles que están en todas partes a la vez y que han saltado aun antes de ser puestas.

A ver esas manos.

Espirales 11. La razón de las espirales.  

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Qué mejor que comenzar con tan nefasto punto de partida, qué peor modo de hacerlo que dejar la respuesta al principio, sin ni tan siquiera haber planteado la cuestión. ¿Genitivo objetivo o subjetivo? ¿Hay una razón para, digamos, que haya espirales, para que éstas tengan una razón de ser, una esencia primera que les da origen? ¿O bien éstas poseen, en sí mismas, una razón, como cualidad inherentemente suya? Bien, ¿y por qué cualquiera de estas dos opciones? La cuestión genética, plantéese de modo trascendente o inmanente, desde el punto de vista de la causa externa o interna, deja siempre como deuda impagada todavía un movimiento, un paso atrás que su propia ceguera, su propia obsesión en el origen, le impide dar. La clave no es tanto la cuestión de la génesis, sino, y esto no es una mera inversión, la génesis de la cuestión. No es una mera inversión porque, precisamente, de la cuestión es de lo que no puede plantearse una génesis. La génesis sólo puede remitir a la respuesta; ahora bien, si, en ese movimiento todavía no dado, se consigue separar la contestación, la proposición afirmativa o negativa, el contenido, de aquello que le pudo dar lugar sin tenerlo, sin presuponerlo, entraremos en una vía que, si bien tal vez no nos dé la razón de las espirales, tal vez sí nos encamine por las espirales de la razón.